sábado, 6 de abril de 2013

Mi confrontación con la docencia

Y ahora les comparto el archivo que redacté en el primer módulo de la Especialización de la UPN, sobre mi experiencia docente:

Mi confrontación con la docencia

Enriquecida con el texto La aventura de ser maestro de José Esteve
 


García Cano Patricia

Esta actividad es parte de la unidad 1 del primer módulo de la especialidad en competencias docentes que ofrece la UPN. En ella se incluyen las experiencias personales de la labor docente, una reflexión sobre cómo ha sido, cómo empezó, qué se realiza en clases y con qué fin, así como los logros y limitaciones que se me han presentado. Finalmente se incluyen aspectos tratados en la lectura La aventura de ser maestro y en la actividad Lo que compartimos.
Pues bien, comenzaré por decirles que tengo aproximadamente 7 años dedicándome a la docencia, sinceramente, me parece poco tiempo, aunque he aprendido como no tienen idea y cada vez ha sido más satisfactorio para mí dedicarme a esto, creo que encontré mi vocación “sin querer queriendo”: comencé por una oportunidad que me brindaron como apoyo por estudiar una maestría y, desde ahí, me gustó y me quedé J
 
Debo confesar que mi primer día como LA PROFESORA fue todo un caos, no sé quién estaba más desconcertada si yo o los estudiantesJ. Afortunadamente pronto me fui preparando más, investigué, leí, pregunté a colegas y hoy considero que hago un mucho mejor trabajo. Poco a poco me fui metiendo en cursos y talleres de clases en línea, tanto como estudiante como de asesora, y hoy imparto clases meramente en línea, de modo que TODO es virtual.
 
Las materias que imparto actualmente son: Estrategias para aprender a aprender (en Universidad) y Ortografía y gramática (en el bachillerato de la UVEG). Cuando las clases son el línea hay ventajas y desventajas: se pueden usar múltiples recursos para variar las clases, pero cuando el curso está diseñado, quienes no son autores no pueden modificar nada, todo se restringe a calificar y retroalimentar o sugerir.
Por esta desventaja que he señalado antes, describiré lo que hago cuando tengo clases frente a grupo. Digamos el primer día de clases: entro al salón, a veces tengo que salir para llamar a los estudiantes a que entren, pues suelen confundirme con una alumna (mis estudiantes no tienen una edad definida, pueden variar entre los 18 y los X años), una vez reunidos los interesados, me presento, les pido que se presenten –muy importante para establecer el contacto y la comunicación–, les comunico las reglas de mi clase, les doy a conocer el programa –es un derecho y una obligación para los dos “bandos” conocerlo y respetarlo– y si el tiempo alcanza les pido que hagan un breve ejercicio que consta de 3 preguntas diagnóstico –para saber a qué me enfrento y comenzar a conocer a mis estudiantes, el objetivo de las preguntas es saber cómo escriben, por qué estudian y qué esperan de la materia–.
 
Por lo regular es todo lo que abarca la hora de clase, así que me despido, les recuerdo cuándo tenemos la próxima sesión y si hay que llevar algo para ese día se los digo –algún material para trabajar en clase: libro, marcadores, diccionario, algún objeto, etc–.
 
Lo que más me agrada es cuando, a veces, después de haber dejado de ser profesora de algunos alumnos, éstos siguen en contacto conmigo y me agradecen o me comentan lo que aprendieron o qué les gustó de mi clase, o si siguen aplicando lo que aprendieron conmigo, incluso si me piden ayuda es una muestra de que quieren seguir aprendiendo; me encanta ver cuando alguien está interesado; y esas son mis mejores recompensas.
Reconozco que todavía me falta bastante camino por andar, que no soy una experta, sobre todo porque no tengo bases pedagógicas, sino que, como muchos profesores –también compañeros de este curso que hemos comentado en el foro sobre esta carencia-, con el perfil de mi licenciatura bastó para que comenzara en este medio. A veces quisiera entrar a todos los cursos que ofrecen, pues sé que necesito saber más, aprender más técnicas, a ser creativa, a diseñar, a saber cómo tratar con cada estudiante, cómo motivar a los que se van rezagando,… pero a veces por tiempo, a veces por economía, me es imposible inscribirme o establecer contacto con otros compañeros para compartir estrategias.
Saber cómo motivar a los alumnos que traen problemas sociales y/o familiares es fundamental, pero, como menciona Esteve (La aventura de ser maestro), no hay quién nos diga concretamente cómo hacerlo, pues no todos tenemos dotes de psicólogos; tampoco nos enseñaron cómo preparar una clase, cómo ir enlazando unos conocimientos con otros, cómo controlar al grupo, cómo hablar y cómo actuar para decir exactamente lo que queremos, pues no todos sabemos expresarnos adecuadamente de manera oral –postura, voz, tonos, gestos– y escrita –si no sabemos escribir sin faltas de ortografía ni somos honestos intelectualmente, ¿cómo exigirle a los alumnos que cumplan con un trabajo original y bien redactado?
Los profesores que somos parte de este grupo de la especialidad compartimos, además de no ser pedagogos, un interés genuino por llevar a los estudiantes  educación de calidad que puedan aplicar posteriormente tanto dentro como fuera de la institución; reconocemos que no se nace siendo maestro, no basta con querer serlo, sino que todos enfrentamos situaciones difíciles al principio y con la experiencia el panorama va cambiando positivamente: “nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error” (Esteve, 2003). Coincidimos en que se debe variar la forma de trabajo, diseñar actividades dinámicas, trabajar de manera colaborativa, planear cada actividad y tener claros los objetivos que pretenden conseguirse con ellas, así como actualizarnos constantemente.
Dice José M. Esteve “No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro”, y yo agregaría, pero un maestro de verdad, que oriente, que transmita el gusto por el conocimiento, que sepa guiar, variar sus técnicas, propiciar ambientes adecuados, hacer que sus estudiantes sean capaces de reflexionar y actuar, que no sean pasivos ante el conocimiento ni se estanquen.
Por estas razones, considero que la forma en la que mis profesores desde la primaria hasta la preparatoria me brindaron educación no fue la más adecuada, pues, por lo general, sólo daban preferencia a la memorización, ellos no tenían el gusto que Esteve menciona, ellos sí repetían año tras año lo mismo y tenían sus notas amarillas y desgastadas, la única forma de evaluar era mediante exámenes; más adelante yo sola tuve que darme cuenta de que eso no era suficiente, tuve que prepararme sola, y sé que hubo y hay muchos huecos que no he podido llenar todavía, tal vez por eso me siento tan responsable de lo que pueda marcar positiva o negativamente a un estudiante que esté a mi cargo.
 
 Finalmente, creo que todos hemos sentido lo que describe muy acertadamente Esteve en su escrito acerca de sus primeras clases, y tiene razón, pues esto es una aventura y depende de cada quien cómo la viva, si será siempre una tortura o si la va haciendo una de las experiencias más formidables de su vida (por eso dice él mismo que es una profesión ambivalente). Por mi parte he tratado (y creo que voy bien) de irla haciendo cada más más gratificante, al principio sí fue desagradable tener que enfrentar y controlar a 40 estudiantes, pero ahora, puedo decir que cada vez que estoy ante un grupo me siento más segura y es indescriptible la sensación de saber, al final de una clase o del curso, que ellos llevan una parte importante que yo les transmití.
 
Esta y las demás actividades del propedéutico y la primera unidad me han servido para analizar cómo ha sido mi evolución en la docencia a lo largo de estos 7 años, incluso a voltear la mirada hacia atrás para recordar la manera en que fui formada y darme cuenta que mis profesores, la mayoría de ellos, tampoco tenía una formación pedagógica, incluso me atrevería a decir que ni la vocación, sino sólo la obligación o la necesidad de presentarse a dar una clase. Y esto me ha llevado a deducir y reafirmar que no es lo que yo quiero transmitirles a mis estudiantes, yo quiero aspirar a ser una “maestra de humanidad”, a saber divertirme con mis clases y variar la manera de impartirlas, pues sé bien que si uno ama lo que hace eso se ve reflejado, los que están del otro lado lo reconocen y pueden verse contagiados de ese entusiasmo. Ese es, al fin de cuentas el objetivo: persuadir a los estudiantes a que adquieran el gusto por el conocimiento y que se den cuenta que TODO lo que aprendan les será útil, ya sea profesional o personalmente.

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