Mi
confrontación con la docencia
García Cano Patricia
Esta
actividad es parte de la unidad 1 del primer módulo de la especialidad en
competencias docentes que ofrece la UPN. En ella se incluyen las experiencias
personales de la labor docente, una reflexión sobre cómo ha sido, cómo empezó,
qué se realiza en clases y con qué fin, así como los logros y limitaciones que
se me han presentado. Finalmente se incluyen aspectos tratados en la lectura La
aventura de ser maestro y en la actividad Lo que compartimos.
Pues bien, comenzaré
por decirles que tengo aproximadamente 7 años dedicándome a la docencia,
sinceramente, me parece poco tiempo, aunque he aprendido como no tienen idea y
cada vez ha sido más satisfactorio para mí dedicarme a esto, creo que encontré
mi vocación “sin querer queriendo”: comencé por una oportunidad que me
brindaron como apoyo por estudiar una maestría y, desde ahí, me gustó y me
quedé J
Debo confesar que mi
primer día como LA PROFESORA fue todo un caos, no sé quién estaba más desconcertada
si yo o los estudiantesJ. Afortunadamente
pronto me fui preparando más, investigué, leí, pregunté a colegas y hoy
considero que hago un mucho mejor trabajo. Poco a poco me fui metiendo en
cursos y talleres de clases en línea, tanto como estudiante como de asesora, y
hoy imparto clases meramente en línea, de modo que TODO es virtual.
Las materias que
imparto actualmente son: Estrategias para aprender a aprender (en Universidad)
y Ortografía y gramática (en el bachillerato de la UVEG). Cuando las clases son
el línea hay ventajas y desventajas: se pueden usar múltiples recursos para
variar las clases, pero cuando el curso está diseñado, quienes no son autores
no pueden modificar nada, todo se restringe a calificar y retroalimentar o
sugerir.
Por esta desventaja
que he señalado antes, describiré lo que hago cuando tengo clases frente a
grupo. Digamos el primer día de clases: entro al salón, a veces tengo que salir
para llamar a los estudiantes a que entren, pues suelen confundirme con una
alumna (mis estudiantes no tienen una edad definida, pueden variar entre los 18
y los X años), una vez reunidos los interesados, me presento, les pido que se
presenten –muy importante para establecer el contacto y la comunicación–, les
comunico las reglas de mi clase, les doy a conocer el programa –es un derecho y
una obligación para los dos “bandos” conocerlo y respetarlo– y si el tiempo
alcanza les pido que hagan un breve ejercicio que consta de 3 preguntas
diagnóstico –para saber a qué me enfrento y comenzar a conocer a mis
estudiantes, el objetivo de las preguntas es saber cómo escriben, por qué
estudian y qué esperan de la materia–.
Por lo regular es
todo lo que abarca la hora de clase, así que me despido, les recuerdo cuándo
tenemos la próxima sesión y si hay que llevar algo para ese día se los digo
–algún material para trabajar en clase: libro, marcadores, diccionario, algún
objeto, etc–.
Lo que más me agrada
es cuando, a veces, después de haber dejado de ser profesora de algunos
alumnos, éstos siguen en contacto conmigo y me agradecen o me comentan lo que
aprendieron o qué les gustó de mi clase, o si siguen aplicando lo que
aprendieron conmigo, incluso si me piden ayuda es una muestra de que quieren
seguir aprendiendo; me encanta ver cuando alguien está interesado; y esas son
mis mejores recompensas.
Reconozco que todavía
me falta bastante camino por andar, que no soy una experta, sobre todo porque
no tengo bases pedagógicas, sino que, como muchos profesores –también
compañeros de este curso que hemos comentado en el foro sobre esta carencia-,
con el perfil de mi licenciatura bastó para que comenzara en este medio. A
veces quisiera entrar a todos los cursos que ofrecen, pues sé que necesito
saber más, aprender más técnicas, a ser creativa, a diseñar, a saber cómo
tratar con cada estudiante, cómo motivar a los que se van rezagando,… pero a
veces por tiempo, a veces por economía, me es imposible inscribirme o
establecer contacto con otros compañeros para compartir estrategias.
Saber cómo motivar a
los alumnos que traen problemas sociales y/o familiares es fundamental, pero,
como menciona Esteve (La aventura de ser maestro), no hay quién nos diga
concretamente cómo hacerlo, pues no todos tenemos dotes de psicólogos; tampoco
nos enseñaron cómo preparar una clase, cómo ir enlazando unos conocimientos con
otros, cómo controlar al grupo, cómo hablar y cómo actuar para decir
exactamente lo que queremos, pues no todos sabemos expresarnos adecuadamente de
manera oral –postura, voz, tonos, gestos– y escrita –si no sabemos escribir sin
faltas de ortografía ni somos honestos intelectualmente, ¿cómo exigirle a los
alumnos que cumplan con un trabajo original y bien redactado?
Los profesores que
somos parte de este grupo de la especialidad compartimos, además de no ser
pedagogos, un interés genuino por llevar a los estudiantes educación de calidad que puedan aplicar
posteriormente tanto dentro como fuera de la institución; reconocemos que no se
nace siendo maestro, no basta con querer serlo, sino que todos enfrentamos
situaciones difíciles al principio y con la experiencia el panorama va
cambiando positivamente: “nadie nos enseña a ser
profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error”
(Esteve, 2003). Coincidimos en que se debe variar la forma de trabajo,
diseñar actividades dinámicas, trabajar de manera colaborativa, planear cada
actividad y tener claros los objetivos que pretenden conseguirse con ellas, así
como actualizarnos constantemente.
Dice José M. Esteve “No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro”,
y yo agregaría, pero un maestro de verdad, que oriente, que transmita el gusto
por el conocimiento, que sepa guiar, variar sus técnicas, propiciar ambientes
adecuados, hacer que sus estudiantes sean capaces de reflexionar y actuar, que
no sean pasivos ante el conocimiento ni se estanquen.
Por estas
razones, considero que la forma en la que mis profesores desde la primaria
hasta la preparatoria me brindaron educación no fue la más adecuada, pues, por
lo general, sólo daban preferencia a la memorización, ellos no tenían el gusto
que Esteve menciona, ellos sí repetían año tras año lo mismo y tenían sus notas
amarillas y desgastadas, la única forma de evaluar era mediante exámenes; más
adelante yo sola tuve que darme cuenta de que eso no era suficiente, tuve que
prepararme sola, y sé que hubo y hay muchos huecos que no he podido llenar
todavía, tal vez por eso me siento tan responsable de lo que pueda marcar
positiva o negativamente a un estudiante que esté a mi cargo.
Finalmente, creo que todos hemos sentido lo
que describe muy acertadamente Esteve en su escrito acerca de sus primeras
clases, y tiene razón, pues esto es una aventura y depende de cada quien cómo
la viva, si será siempre una tortura o si la va haciendo una de las
experiencias más formidables de su vida (por eso dice él mismo que es una
profesión ambivalente). Por mi parte he tratado (y creo que voy bien) de irla
haciendo cada más más gratificante, al principio sí fue desagradable tener que
enfrentar y controlar a 40 estudiantes, pero ahora, puedo decir que cada vez
que estoy ante un grupo me siento más segura y es indescriptible la sensación
de saber, al final de una clase o del curso, que ellos llevan una parte
importante que yo les transmití.
Esta y las demás
actividades del propedéutico y la primera unidad me han servido para analizar
cómo ha sido mi evolución en la docencia a lo largo de estos 7 años, incluso a
voltear la mirada hacia atrás para recordar la manera en que fui formada y
darme cuenta que mis profesores, la mayoría de ellos, tampoco tenía una
formación pedagógica, incluso me atrevería a decir que ni la vocación, sino
sólo la obligación o la necesidad de presentarse a dar una clase. Y esto me ha
llevado a deducir y reafirmar que no es lo que yo quiero transmitirles a mis
estudiantes, yo quiero aspirar a ser una “maestra de humanidad”, a saber
divertirme con mis clases y variar la manera de impartirlas, pues sé bien que
si uno ama lo que hace eso se ve reflejado, los que están del otro lado lo
reconocen y pueden verse contagiados de ese entusiasmo. Ese es, al fin de
cuentas el objetivo: persuadir a los estudiantes a que adquieran el gusto por
el conocimiento y que se den cuenta que TODO lo que aprendan les será útil, ya
sea profesional o personalmente.


